Tiene cerca de un millón de seguidores en Instagram que agasajan sus imágenes con decenas de miles de ‘likes’. No se conoce su identidad, nacionalidad o profesión. Jamás muestra su rostro. Tampoco aquellas zonas de su anatomía que la (¿hipócrita?) censura ‘instagramera’ penaliza. No ‘vende’ marcas, ni pretende elevar a sus seguidores con esas frases motivacionales de calendario que tanto tirón tienen en las redes sociales. Se hace llamar Nude Yoga Girl, le gusta el frío y posa desnuda en los rincones más espectaculares del planeta mostrando toda la belleza de esta disciplina milenaria… y de su cuerpo.

“¿Cómo me llamo? ¿De dónde soy? No voy a responder a esas preguntas. Prefiero guardar el anonimato. Lo que sí puedo decir es que vengo de un país donde hay mucha nieve y fue allí donde empecé a fotografiarme”, explica. La escultural yogui rubia que tiene enamorado a media planeta se resiste a dar ningún dato sobre su profesión. “Supongo que soy un poco de todo. Una combinación de todas mis pasiones: yoga, fotografía, arte y literatura”, afirma. ¿Por qué desnuda? “Porque creo que, de esta forma, doy más solidez al mensaje de aceptación personal que quiero trasmitir: todos somos únicos y hermosos. Sin embargo, la sociedad nos presiona tanto que, en demasiadas ocasiones, nos vemos obligados a representar un papel que no refleja nuestra verdadera identidad”.

¿Hasta qué punto resulta creíble reivindicar el #selfacceptance o #bodypositive cuando se es una escultura viviente? La mujer que se esconde tras Nude Yoga Girl asegura que, en este caso, las apariencias también pueden engañar: “Yo misma me he sentido muy insegura de mi cuerpo en el pasado pero el yoga me enseñó a amarlo”. A la exposición que supone ya de por sí posar sin ropa, ella le añade el extra de hacerlo en unas posturas ‘delicadas’. “Creo que he encontrado la manera de mostrar la desnudez como algo natural, no sexual. Me hace muy feliz que la gente haya sido capaz de entender el arte de mis fotografías. En cualquier caso, el anonimato y el hecho de no enseñar nunca la cara me ayuda a superar mis tabús. Mi cuenta no es sobre mí, es sobre lo que defiendo”.

Ni pezones, ni vello… ¿Cómo se las ingenia para no mostrar más de la cuenta? “Mi novio me ayuda. Ya hemos hecho tantas sesiones juntos que sabemos perfectamente cómo escoger las posturas y los ángulos. También cómo usar las sombras para esconder mis zonas íntimas. A veces, resulta complicado pero es todo un reto”. Sólo se deja retratar en “aquellos escenarios en los que me siento con la libertad y seguridad suficiente para estar desnuda sin la preocupación de inquietar a nadie”. Siempre son lugares idílicos y evocadores. “¿Dónde me gustaría ser fotografiada? ¡En tantos sitios! Pero, quizás, los primeros que me vienen a la cabeza son Islandia y Nueva Zelanda. También quiero hacerlo más en mi país durante el invierno aunque tengo que tener cuidado porque la temperatura suele ser muy baja. La primera foto ‘ártica’ que me tomaron fue a menos 10 grados centígrados pero puede hacer mucho más frío”.

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