María Adelia Sandoval 


Han pasado más tiempo presos que juntos después de casarse a finales de octubre del año 2017. Apenas seis meses después de la boda estalló la insurrección cívica de abril del 2018 y escapaban de la persecución de la dictadura Ortega-Murillo, cuando fueron detenidos cerca de la frontera de Costa Rica el 22 de julio por efectivos del Ejército.

Adilia Peralta fue liberada primero (20 de mayo de este año) y su esposo Cristhian Fajardo fue sacado de La Modelo este 11 de junio. Ella pasó 10 meses secuestrada y él 11 meses, tiempo que forma parte de una historia de amor y lucha de una pareja que se conoció siendo niños en la ciudad de Masaya. 

Cristhían Fajardo en lo que más había invertido para su casamiento con Adilia era en la cama porque «quería una cama preciosa», pero «no la disfrutamos» interrumpe Adilia, en una entrevista concedida a F5Nicaragua

Después de su secuestro por soldados del Ejército — que no tienen facultades para ejecutar detenciones a ciudadanos nicaragüenses— esta pareja dice que sus comunicaciones fueron tan limitadas que en todo este tiempo solo se cruzaron dos cartas a través de la Cruz Roja y que cuando eran llevados a la sala de juicios, les daban cinco minutos, pero era prohibido tomarse de las manos, abrazarse y para tal fin, los guardias ponían a un cuñado de por medio «y peor si queríamos darnos un beso». 

Cristhian Fajardo y Adilia Peralta durante la entrevista.

Cristhian dice que la historia de amor de él con Adilia es muy bonita y hasta se podría escribir un libro. «Soy siete años mayor que ella», «era amiguita de su hermana», irrumpe Adilia, mientras Cristhían continúa relatando que antes de casarse y con 37 años no dudó en formalizarse con quien conocía desde niña, pese a que en el pasado muchas se lo solicitaron. 

«Se ratifica el amor y esta separación vino a fortalecer la relación de pareja que aunque tengamos diferencias, siempre nos decimos que partamos del principio que nos amamos», añade el ahora ex preso político. 

¿CÓMO CONTABAN SU HISTORIA EN PRISIÓN?

La primera en responder a esta pregunta es Adilia Peralta y dice que cuando la llevaron a la celda de la cárcel La Esperanza en Tipitapa, lo primero que le pasó fue caer en depresión que la hacía apartarse de las demás mujeres, pero poco a poco la causa común de que todas luchaban por tener una Nicaragua mejor las fue uniendo y entrando en confianza. 

«Comenzamos a platicar y se dio como una actividad diaria, porque como no teníamos libros, todas, especialmente las jóvenes, querían saber cómo había conocido a Cristhían, cómo nos habíamos enamorado, hasta llegar al casamiento», relata Adilia. 

Cristhian fue lo contrario porque a él lo llevaron a una celda donde estaba solo y por medio de unas ventanitas, se ponía a platicar con otros presos políticos, porque era lo único que lo sacaba de la soledad, ya que por cinco meses no dejaron que le llevaran una Biblia. 

«De nuestra relación lo que más me dolía era verla a ella con las esposas en sus manos. No lloraba por demostrarle fortaleza, pero sabía que sufría porque conozco el trato que le dan a las mujeres prisioneras a quienes las hacen hacer sentadillas desnudas, les pisotean su autoestima. Consideraba que a ella le estaba pasando esto por mi culpa», señala Cristhian, a quien Adilia le agrega que le rozaban sus partes íntimas con los detectores de metal, 

Adilia Peralta cuando era llevada a los juzgados. A su lado, su marido Cristhian Fajardo.

¿QUÉ HARÁN AHORA? 

Adilia Peralta y Cristhian Fajardo dicen que después de haber sido liberados van a  continuar en la lucha y no tendrán hijos por el momento porque si ella hubiera estado embarazada en abril del año pasado, no se hubieran metido. «No vamos a tener hijos mientras (Daniel) Ortega esté en el poder. porque qué futuro tendrían nuestros hijos. Los tendremos hasta que Nicaragua sea libre», sentencia Crishian mientras Adilia lo apoya con gestos y su mirada. 

Ambos relatan que su reencuentro fue un shock de nervios, porque mientras él bajaba del microbús que lo llevó hasta Masaya junto a otros presos políticos, ella caminaba entre la multitud que se aglomeró dentro y fuera de la vivienda. Adilia fue llamada a firmar un documento que llevó la Cruz Roja, mientras Cristhian preguntaba «y mi esposa» hasta que se encontraron y se fundieron en un abrazo y beso prolongado. 

Para esta pareja de masayas, lo que les pasó no se compara con lo que sufren las familias que tienen muertos en su seno. «El dolor que ha dejado la muerte de tantos hermanos mártires no tiene comparación con lo que pudimos haber pasado», señalan.

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