La novela que hace 40 años predijo el coronavirus

Casi como si se tratara de una coincidencia, la idea de un virus de laboratorio que comienza una infección en Wuhan es la trama de la novela The Eyes of the Darkness —Los ojos de la oscuridad, en su traducción literal— de Dean Koontz, un escritor estadounidense que publicó dicha novela 39 años antes, en 1981.

Lanzada en 1981, la trama de esta novela de suspenso resulta escalofriante en el contexto actual en el que en pleno 2020 el coronavirus (COVID-19) se ha esparcido por el mundo.

El brote del COVID19 o mejor conocido como el coronavirus chino ha puesto en alerta a todas las instituciones de salud en el mundo, al tiempo que ha provocado que científicos de diversas latitudes unan esfuerzos para encontrar una cura que pueda detener el alcance de esta peligrosa enfermedad respiratoria.

El texto de la novela donde se menciona al virus Whuan 400.

El inicio de lo que algunos creen puede ser la siguiente pandemia ocurrió en la ciudad de Wuhan, en China, en específico en un mercado de pescados y otros animales, aunque algunas teorías apuntan que en realidad es resultado de una experimentación en laboratorio.

Si acaso, uno de los aspectos más atemorizantes que esta novela puede tener es su final que ojalá no sea real, ya que en la obra se dice que no hay forma de combatir el virus.

LA BÚSQUEDA DE UNA MADRE

No obstante, a pesar de la similitud de la enfermedad y la coincidencia de su lugar de fabricación, existen algunas diferencias esenciales. En primera instancia el desarrollo del virus es una trama secundaria, en realidad la novela sigue a una madre, Christina Evans, que perdió a su hijo Danny, pero que tras un año de su muerte decide buscar la verdad y saber si en realidad éste murió o si sigue vivo, después de que comienza a recibir mensajes y distintas señales de que su hijo no está muerto.

A través de su búsqueda, la trama alcanza la del mortífero virus, llamado Wuhan 400 —que en las primeras ediciones se llamó Gorki-400 una referencia obvia a Gorbachov en el contexto de la Guerra Fría—, el nombre final del virus lo adquirió al ser desarrollado en un laboratorio en dicha ciudad.

En el libro, ella descubre que Danny está en unas instalaciones militares después de que él y otro hombre se contaminaran accidentalmente con el virus, mismo que fue desarrollado como un arma biológica, pues sólo puede afectar a los humanos y que fuera del cuerpo humano sólo sobrevive 1 minuto (algo que no coincide con el COVID19 de la realidad).

«Fue por esa época que un científico chino llamado Li Chen se mudó a los Estados Unidos cargando consigo un disquete de datos de la nueva, más importante y más peligrosa arma biológica de China en la última década. Lo llaman Wuhan-400 porque fue desarrollado en su laboratorio RDNA a las afueras de la ciudad de Wuhan».

Sin embargo, a pesar de las coincidencias, lo cierto es que la ciudad de Wuhan sí tiene un laboratorio, de hecho fue de los primeros en secuenciar el coronavirus chino, y su historial podría ser la razón por la que algunos escritores como Koonz necesitaran de un poco de investigación para saber de esta localidad y su nexo con la investigación científica, y lo llevaran al plano de la ficción, redactando entonces una trama muy convincente sobre el desarrollo de una pandemia a manos de un mortal virus.

Al final de la trama de The Eyes of Darkness, a pesar de los esfuerzos, no es posible encontrar una cura para el virus y tan sólo hay una persona que ha logrado sobrevivir a éste: Danny, el hijo desaparecido de Christina.

En ocasiones la ficción supera la realidad o la alcanza y éste no sería ni el primero ni el último caso en el que un autor logra dilucidar eventos futuros que ponen en jaque a autoridades, científicos e instituciones como la OMS.

 

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