DOS PRUEBAS EXITOSAS

EN MONOS

Dos vacunas contra el coronavirus SARS-CoV-2 ensayadas en monos han dado resultados positivos y ya se están probando en humanos. Una en China, que empezó sus pruebas con 144 personas el 16 de abril. La otra, del Instituto Jenner de la Universidad de Oxford, ha comenzado a ensayarse en 1.100 individuos. Según The New York Times, el equipo de Oxford se plantea ponerla a prueba en 6.000 personas a finales de mayo, en lo que será el mayor ensayo en humanos hasta la fecha.

El Instituto Jenner de Oxford, Reino Unido.

Hay otras cinco vacunas en fase de ensayo con pequeños grupos de humanos y más de 70 en fase preclínica, según la Organización Mundial de la Salud. La mayoría se basa en novedosas biotecnologías que nunca antes se habían utilizado en la fabricación de una vacuna aprobada oficialmente. No obstante, una de las más adelantadas ha optado por la vía más clásica.

LAS PRUEBAS CHINAS

El prototipo de vacuna china se ha desarrollado en los laboratorios privados Sinovac de Pekín siguiendo el método tradicional: los investigadores inactivaron una versión del virus que luego inocularon a ocho macacos rhesus. Tres semanas después les volvieron a inyectar el SARS-CoV-2 en los pulmones y ninguno sufrió una fuerte infección ni tuvo efectos secundarios.

“Me gusta”, valora en Science Florian Krammer, virólogo de la Escuela de Medicina Icahn del Hospital Monte Sinaí de Nueva York. “Este es el método antiguo, pero puede funcionar. Lo que me gusta es que muchos laboratorios, incluidos los de países en desarrollo, podrían desarrollar este tipo de vacuna”.

China, país de origen del coronavirus en la carrera por la vacuna.

No todas las valoraciones son positivas. Douglas Reed de la Universidad de Pittsburgh, que también trabaja en una vacuna contra el Covid-19, cree que la muestra de animales es demasiado pequeña como para que los resultados tengan valor estadístico. Le ve además otro inconveniente: que les inyectaran un coronavirus que pudo debilitarse por los posibles cambios experimentados en la fase de cultivo.

Sinovac replica que los macacos sin vacunar mostraron síntomas iguales a los de la Covid-19. También descarta otro riesgo observado en las anteriores vacunas contra el SARS y el MERS: al inocularles el virus atenuado en forma de vacuna, los animales con defensas más débiles sufrían una fuerte reacción infecciosa de su propio sistema inmunitario.

OXFORD TOMA LA DELANTERA

La vacuna de Oxford avanza también con rapidez. Su nombre experimental es ChAdOx1 y los ensayos en humanos han comenzado, según ha informado el ministro británico de Sanidad, Matt Hancock.

Los 1.100 voluntarios seleccionados se dividirán en dos grupos. A la mitad se le inyecta la nueva vacuna y a la otra mitad -el grupo de control-, una vacuna tradicional de la meningitis, en vez de la solución salina a modo de placebo. Quieren evitar así el más mínimo sesgo en el comportamiento de los vacunados con la experimental.

El proyecto de Oxford ha avanzado con más velocidad porque partía con ventaja de haber realizado inoculaciones similares con otros coronavirus sin que los humanos sufrieras fuertes efectos secundarios. Ahora quieren demostrar no sólo que es segura, también que es eficaz contra el SARS-CoV-2. Ya les ha funcionado en monos.

Laboratorios de todo el mundo buscan la cura.

Científicos de un laboratorio en Montana (EEUU) inyectaron a seis macacos con dosis de la vacuna de Oxford. “El macaco rhesus es lo más parecido que tenemos a un ser humano”, apunta en el New York Times, Vincent Munster, el director del ensayo.

Después los monos inoculados fueron expuestos al coronavirus en cantidades que sí habían hecho enfermar a los monos no vacunados. 28 días después los macacos vacunados seguían sanos.

APUESTA CIENTÍFICA Y FINANCIERA

Acelerar la carrera por la vacuna no requiere sólo el impulso del trabajo científico, también una apuesta financiera, que en algunos casos llega a niveles propios de un casino.

Oxford, por ejemplo, ya ha empezado a fabricar un millón de dosis antes de saber si su candidato funciona en humanos. Y esta apuesta es mínima comparada con la producción masiva de este mismo prototipo de vacuna puesta ya en marcha por la mayor fábrica de vacunas del mundo, el Instituto Serum de India. Ha iniciado la producción de 60 millones de dosis y planea tener 400 millones para el otoño.

«Son un puñado de grandes científicos», asegura a Reuters el millonario Cyrus Poonawalla, que dirige este centro. Ha decidido apostar su dinero a la marca Oxford. Si le sale bien, venderá al Gobierno indio cada dosis a 12 euros. Un gran negocio en un país de 1.300 millones de habitantes.

Después del anuncio de Oxford, se ha sumado a la carrera la farmacéutica Pfizer, que promete «una vacuna para casos de emergencia» para el otoño. «Hace falta una solución desesperadamente», ha contado el presidente de la compañía, Albert Bourla, al Wall Street Journal. Anuncian entre 10 y 20 millones de dosis para final del año.

El laboratorio que logre encontrar la vacuna tendrá una bonanza financiera incalculable.

Pfizer está desarrollando este candidato de vacuna con la biotecnológica alemana BioNtech, que ya ha iniciado los ensayos en humanos. Bourla confía en que los reguladores estadounidenses le den el visto bueno para pasar a esta fase también en Estados Unidos la semana que viene. Tampoco a él se le escapa que la demanda de este producto será «extremadamente alta».

LA PARADOJA DE LA VACUNA Y LA PANDEMIA

Los científicos de Oxford confían en tener una vacuna disponible, eficaz y segura para septiembre, mucho antes del plazo de 18 meses que estima la OMS. La China Sinovac ha comenzado las pruebas clínicas de la fase I con 144 voluntarios. Los dividirán en tres grupos iguales: uno recibe una dosis grande, otro una pequeña y el tercero, un placebo. Esperan comenzar la fase II a medidos de mayo con 1.000 personas más y tener resultados a finales de junio. Si todo va bien, intentarán lanzar la fase III en la que compararán el efecto de la vacuna y del placebo en miles de personas. Sinovac tiene una larga experiencia en la fabricación de vacunas.

Y aquí es donde tanto los científicos de Oxford como los chinos se encuentran con una paradoja. Si el confinamiento y las medidas restrictivas reducen a niveles mínimos el contagio, no tendrán un número suficiente de personas para probar las vacunas.

“Somos las únicas personas de este país que quiere que el número de infecciones se mantenga alto unas semanas más para poder probar la vacuna”, dice el profesor Adrian Hill, director del Instituto Jenner de Oxford. La regulación ética prohíbe ensayos en los que se infecte a humanos con una enfermedad grave por lo que la eficacia de una vacuna sólo puede probarse en un lugar donde el virus se esté propagando de manera natural.

Si las medidas de distanciamiento social frenan la propagación de la enfermedad en el Reino Unido, los investigadores no podrán demostrar la eficacia de la vacuna. Los voluntarios que reciben el placebo no tienen más probabilidades de infectarse que los vacunados. De hecho, la vacuna del primer SARS no llegó a probarse en humanos porque antes el brote fue controlado y eliminado.

Sinovac se enfrenta a la misma paradoja. Si se mantiene la escasa transmisión del virus en China, necesitarán hacer pruebas en otros países. Y eso complica el proceso. Deberán recibir un permiso de emergencia de las respectivas agencias regulatorias de medicamentos que les habilite para suministrar la vacuna a los que corren más riesgo de ser infectados. Este uso experimental de una vacuna ya se probó en el Congo contra el ébola con resultados satisfactorios.

Hay otras dos retos a los que se enfrenta cualquier vacuna. Las mutaciones del virus y la duración de la inmunidad. El SARS-CoV-2 parece mutar lentamente y, en cuanto a la inmunidad, la similitud con el primer SARS lleva a pensar en una protección de dos o tres años, pero… quién sabe.

 

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